Ojeando por la web, me encuentro una página curiosa:
Pediatic
La recominedo, empiezo compartiendo este artículo… GENIAL!!!

Genial Articulo: Cariño, la niña tiene novio!!!

Pero una vez pasada la primera impresión, te fijas en ella y la ves con los ojos brillantes y con una sonrisa de oreja a oreja y eres consciente de su ilusión… ya te ha atrapado y no puedes dejar pasar la oportunidad de compartir ese momento con ella.

Es cierto que te asaltan muchos temores porque con los tiempos que nos está tocando vivir, es muy común que haya mujeres que hipotecan su vida por entusiasmarse con el hombre equivocado, pero no te queda más remedio que confiar en su criterio y permanecer como atenta espectadora dispuesta a actuar a la menor sospecha de que algo pueda ir  mal.

Ella empieza a contarte y tú a hacerle preguntas del tipo ¿Quién es? ¿Le conozco? ¿Es de tu edad? ¿Dónde vive? ¿Estudia contigo?… y según va avanzado con los detalles vas viendo su entusiasmo, su ilusión, su felicidad… Ains!!! ¡¡¡Es tan joven!!!

Y entonces te suelta su petición: “Mamá, a papá díselo tú que no sé cómo se lo va a tomar.”

Hala!! Otro marroncito que me aporta mi cargo de madre; además, está exagerando.Su padre es una persona joven y moderna… ¿Pues cómo se lo va a tomar? ¡Bien!,

¿O no?

Empiezas a imaginar que  no se lo va a tomar tan bien cuando un día cualquiera, llega a casa y la niña sale a recibirle como cuando era pequeña; él simula una especie de llave de judo que la derriba al suelo y comienza a hacerde pedorretas en la tripa como cuando jugaban a “Peleítas”.

Tú, por si acaso, esperas un momento en el que esté de buen humor para soltarle el regalito y le dices como quien no quiere la cosa: Cariño, la niña tiene novio…

Notas que la cosa no va a ser tan sencilla cuando responde: “¿Qué niña?…”

  • Pues hijo mío, de las dos que tienes, la mayor…

  • Define novio…

No, definitivamente no va a ser tan fácil. Intuyes que definir novio como “amigo con derecho a roce” no le va a hacer ninguna gracia, así que tú, en otro alarde de inocencia tiras de la definición de la RAE para que le quede claro: “Persona que mantiene relaciones amorosas con con fines matrimoniales”…; según terminas la definición te das cuenta de la tontería que acabas de cometer.

  • ¡Qué bobada! No tiene edad para eso.

Tú también eres de la opinión de que es un poco jovencita y que debería divertirse un poco antes, pero sabes que poco se puede hacer al respecto, así que te pones del lado de tu hija y de ahí no te mueve ni un terremoto de 7,6 en la escala de Richter.

  • ¡Qué poquito te acuerdas de cuando tú y yo nos hicimos novios, hijo mío!

  • ¿Qué edad teníamos?

  • 21…

  • Pues que espere hasta entonces…

¡Hala! Se acabó la conversación…

Van pasando los días y las semanas y la niña (que hay que reconocer que es más lista que el hambre), va provocando pequeños encuentros con nosotros mientras pasea con su chico, en alguna cafetería, en algún parque, en el supermercado… En fín, que lo va introduciendo poco a poco hasta que llega el día en que  me pide permiso para traerlo a la barbacoa que se celebra en nuestra casa un sábado por la noche, en que nos reunimos con unos amigos.

¡Permiso concedido!

Y allí se presenta la niña con su chico al que a partir de ahora pasamos a denominar  Mangarrián, que es el nombre que le ha puesto mi contrario, cuya familia tiene cierta tendencia a poner nombrecitos a las parejas de su descendencia porque, de hecho, yo siempre he sido y seré La Garduña; bonito nombre puesto por mi suegra y que hace referencia a un animalejo pelín feo.

Lo cierto es que durante la barbacoa todo transcurre con normalidad; bueno, con normalidad relativa porque de vez en cuando noto como el padre de la niña, lanza unas miradas al Mangarrián que dan la sensación de quererle transmitir vía telepática algo así como: “mucho cuidado chavalote que tengo en el garaje unas tijeras de podar de tamaño considerable.”

Después de que cada uno se fuera a su casa y dado que habíamos conocido un poco mejor al Mangarrián, le digo a mi marido: “Pues a mí me parece muy majo y ¿a ti?”

  • Mira nena, yo esto  no lo veo… no lo veo…

Pues nada, que el tiempo ha seguido pasando y la niña sigue saliendo con el Mangarrián. Lo cierto, es que el chico es un encanto, muy buena persona y, sobretodo, utilizando una frase de nuestras abuelas, que a  mí me encanta, “bebe los vientos” por ella.

Mi hija ha sabido perfectamente cómo ir introduciéndolo en casa, como quien no quiere la cosa  y lo cierto es que, después de casi dos años, casi forma parte de nuestra familia.

Es posible, después de todo, que no lo estemos haciendo del todo mal…

Yo creo que mi contrario nunca se va a hacer a la idea de que nuestras niñas crecerán y conocerán muchos Mangarrianes, pero yo sigo intentando que lo lleve lo mejor posible.

El, mientras, sigue con su mantra:   “Yo esto no lo veo… ¡es que no lo veo…!”

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